Nuestro hijo Yaku nació en casa en la montaña, lo recibimos acompañados por Alexandra, María y Ester. Un nacimiento bendecido y acompañado por una intensa lluvia, en un ambiente cálido, amoroso y respetuoso que lo esperaba para honrar su llegada a este lado de la vida. Este hermoso nacimiento fue sanador para nuestra familia, después del nacimiento por cesarea de nuestro primer hijo.
Tomar la decisión de parir naturalmente y en casa implicó informarnos y empoderarnos, pues lo primero que te dicen, desde la mirada intervencionista de la medicina convencional, es que si tuviste una cesárea, no es posible un parto vaginal. Y pensar entonces en un parto vaginal en casa después de cesárea suena una locura. Así que tomar la decisión de parir en casa implicó informarnos para llegar a la conclusión de que es totalmente posible, empoderarnos y acompañarnos con quienes nos fortalecieran para afirmarnos en nuestro propósito de dignificar el nacimiento como momento sagrado.
Entregados a nuestra decisión, la magia comenzó a suceder. Conocimos a estas hermosas mujeres con las que desde el primer momento nos sentimos conectados, sabiendo que eran las personas indicadas para acompañarnos y guiarnos.
Todo esto se fue afirmando en en transcurso de su acompañamiento. Los encuentros llenos de información valiosa, las llamadas y mensajes tan atentos, cada consulta e inquietud resueltas, los masajes, las conversaciones, la escucha, la cercanía construida, generaron lazos de oro, un ambiente de confianza y entendimiento total que fueron determinantes para que nuestro deseo se cumpliera.
Durante la gestación recorrí de la mano de ellas un camino de reconstrucción de la confianza en la sabiduría ancestral de mi cuerpo de mujer que sabe parir, que reconoce sus necesidades, sus ritmos, señales y tiempos. El trabajo de parto fue profundo, intenso y transformador, pude entregarme por complete a la marea de cada contracción, con ejercicios, masajes, baile, música, con las palabras alentadoras, firmes y dulces de Alexa y su sabiduría chamánica que me conectaba con mi ser sagrado. María acompañándome y recordándome la importancia de la respiración en el transito de las contracciones y pujos, su mano fue pilar para atravesar cada ola. Y Ester, siempre al servicio para que cada detalle estuviera dispuesto, apoyando amorosamente y con tanta humildad.
Así como es tan sagrado el nacimiento del bebe, debe ser el cuidado de la madre que sostiene esta nueva vida. Para nosotras las mujeres que nos convertimos en madres es una transformación profunda de nuestro ser y transitar estas profundidades es una tarea muy movilizadora. Los cuidados durante el posparto y la cuarentena son muy importantes para la salud física y emocional de Mama, bebé y por ende de toda la familia. María, Ester y Alexa siempre estuvieron muy presentes, acompañándonos y guiándonos, dándonos direccionamiento y consejos, muy respetuosas con nuestro estilo de vida, creencias, hábitos e intimidad. Siempre prestas ante las eventualidades que surgieron durante este periodo, atendiendo a tiempo cada necesidad.
Estamos muy agradecidos por habernos cruzado con ellas en este camino, por su labor tan consiente, sincera y amorosa.
Infinitas gracias a las tres. Lihuen, Yaku, Mariano y Ana María.

